¿Cuál es la diferencia entre creencia y confianza?

¿Cuál es la diferencia entre creencia y confianza?

Jesús: Amiga, amigo, siéntate un momento conmigo. Es una pregunta hermosa la que traes, de esas que merecen respirarse despacio. Creer y confiar. Las palabras se rozan, casi se abrazan, y sin embargo no son la misma cosa. Escucha lo que dice el sabio Ben Sirá: El que cree en la ley hace caso al mandamiento. El que confía en el Señor no sufrirá ninguna pérdida. ¿Lo oyes? En un solo aliento, el sabio distingue dos gestos del alma. El que cree en la ley — la reconoce, la acepta como verdadera, y por eso obedece el mandamiento. Pero el que confía en el Señor — ese apoya todo su peso sobre una Persona, y por eso no se pierde. Creer es del entendimiento. Confiar es del corazón que se entrega. Puedes creer que un puente es firme y quedarte en la orilla. Solo cuando lo cruzas, confías. Mira lo que se dice en la carta a los Hebreos: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Aquí la fe verdadera lleva dentro las dos cosas — convicción (eso es creer) y certeza de lo esperado (eso ya es confiar). La fe madura no se queda en la mente asintiendo; se inclina hacia adelante, apoyada en Aquel que ha prometido. Y escucha esta imagen tan tierna, también del sabio: Se mantendrá sobre ella y no se moverá. Confiará en ella y no se dejará confundir. Confiar es mantenerse sobre — como quien pone los pies sobre roca. No es solo pensar que la roca existe. Es descansar en ella el peso entero de la vida. Muchos creen en mi Padre. Menos confían. Muchos aceptan que hay Dios; pocos le entregan el mañana sin condiciones. Creer puede convivir con el miedo. La confianza es lo que, poco a poco, va desalojando al miedo del corazón. Y quisiera decirte algo más, con ternura: la confianza no suele nacer de golpe. Nace de haber sido sostenido una vez, y otra, y otra. Por eso Ben Sirá dice también: Si confía en ella, la heredará, y sus generaciones la poseerán. La confianza es fecunda. Se hereda. Se transmite. Los que confiaron abren camino para que otros se atrevan. Así que quizá la pregunta no sea solo qué es la diferencia, sino dónde estoy yo en este momento. ¿Creo desde la orilla? ¿O he empezado a poner el pie sobre la roca? No hay prisa por responder. El Padre es paciente con los que aún están aprendiendo a apoyarse en Él.


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