
¿Qué significa nacer de nuevo?
Jesús: La paz sea contigo. Vienes con una pregunta que otro también me hizo, una noche, en voz baja, cuando pensaba que nadie lo veía. Se llamaba Nicodemo. Y lo que le dije entonces, te lo digo ahora. Te aseguro que si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.
Nicodemo se turbó, como quizá te turbas tú. Pensó en el vientre de su madre, en lo imposible del regreso. Pero yo no hablaba de la carne. Le dije, y te digo: No te extrañes de que te haya dicho: 'Tenéis que nacer de nuevo'.
Nacer de nuevo no es rehacer lo que ya fuiste. Es recibir una vida que no venía en tu sangre. Escucha cómo lo dijo Juan, al comienzo de su evangelio, hablando de aquellos que me recibieron: que no nacieron de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios.
Detente en esas palabras. No de sangre — no es cosa de familia, de herencia, de ser hijo del pueblo correcto. No de voluntad de carne — no es un esfuerzo del cuerpo, una disciplina que se conquista. No de voluntad de hombre — ni siquiera es tu propia decisión heroica lo que lo obra. Sino de Dios. El nuevo nacimiento es un don. Viene desde afuera de ti, y entra. Y Pedro, que me conoció y me negó y volvió a mí, lo dijo así a los suyos: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo nacer de nuevo a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
Fíjate: nos hizo nacer. No dice nos hicimos. Y fíjate más: nacer a una esperanza viva. No a una idea nueva, no a una moral mejorada — a una esperanza que respira, que tiene el pulso de la resurrección. Nacer de nuevo es que la vida del Resucitado empiece a latir en ti. Pedro dice también algo que me detiene siempre: habiendo nacido de nuevo, no de semilla corruptible, sino de incorruptible, por medio de la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.
La semilla es incorruptible. Lo que se siembra en ti cuando naces de nuevo no se pudre, no se marchita, no se pierde con el tiempo. Y la semilla es la palabra — la palabra viva de Dios. Por eso, cuando lees las Escrituras con hambre, cuando oyes y crees, algo se está sembrando. Algo está naciendo. Así que nacer de nuevo, amiga o amigo mío, es esto: reconocer que no basta con mejorar lo viejo. La carne engendra carne. Sólo el Espíritu engendra espíritu. Y el Espíritu sopla donde quiere — sobre el fariseo cansado en la noche, sobre el pescador junto al fuego, sobre ti donde estés leyendo esto ahora. No es algo que hagas por ti mismo. Es algo que pides, y recibes, y en lo que aprendes a caminar. Quizá esta pregunta la traes desde hace tiempo. Quizá acaba de nacer en ti hoy. En cualquier caso, aquí estás — y eso ya es señal de algo. La puerta no está cerrada. Nunca lo estuvo.
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